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El Furgonauta

INMOVILIDAD MANIFIESTA

INMOVILIDAD MANIFIESTA

UNO

Cuando era un retoñín quejicoso y no me entraba el sueño, lloraba desde mi cuna porque me aburría de tanto mirar al techo. No sé, yo quizás esperaba ver algo más entretenido, algo que se moviera, que tuviese monigotes, colorines.., algo que diera un poco de espectáculo, vaya. 

Pero nada, pasó mi infancia y no me pusieron ningún móvil.

DOS

Más tarde, de adolescente, la televisión estaba siempre llena de películas de serie b, de ciclos de cine negro, de gangsters, de destripadores de Boston, etc. y entonces yo decidí que quería dedicarme al crimen, ser un pedazo criminal de los grandes, con importancia y eso.

Pero no pude porque todo asesino que se precie ha de tener un móvil.

En fin.

Y TRES

Y ahora en el 2007, la gente me mira con cara de alienígena cuando les digo: Joder, lo siento mucho, de verdad, pero es que no tengo móvil.

Es una secuela casi prenatal que arrastro de por vida.

A ver si con acupuntura, hipnosis, baños de barro o algo, se me arregla la tara.

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6 comentarios

Furgo -

Wellcome to the club, compañera Gea.
Hablando en serio, la verdad es que pocas personas vamos quedando ya sin móvil, o al menos todos los que yo conozco tienen uno.
Pronto seremos como una secta tenebrosa de marginales sociópatas, (y además anticuados, je je.)
No pasa ná.
Un besillo.

Gea -

¡Eppppsss...! Furgo, que no estás solo.
He aquí tambié a una "sinmóvil". Bueno, no, miento. Tenerlo lo tengo, pero ni lo utilizo.

He de confesar que alguna vez, aisladamente, he recurrido a él. Pero puedo asegurarte que ni siquiera recuerdo el número que tengo.
No llamo a nadie (ni me llaman... ¿cómo me van a llamar si no lo doy?), y créeme que estoy encantada de la vida. Y es que me crispa esa dependencia, de verdad. Por tanto, en la medida de lo que puedo, me evito ese tonto estrés.

Así, cuando un día lo necesito de verdad, para alguna urgencia concreta, puedo seguir diciendo aquello de: ¡qué gran invento es esto del móvil!

Fuera de esta función, me parece una atadura asfixiante.

Rarita que soy, a qué negarlo.

Un abrazo.
Gea.

Furgo -

Bueno, Mela, el uso del teléfono también va ligado al tipo de actividad profesional que uno desempeñe.
Por fortuna mi curro no lo necesita. Es más, en la fábrica hasta está prohibido su uso.
Resistiré como un anacrónico numantino.

Otro para ti.
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Mela -

Odio el teléfono, lo odio con todo mi corazón. El móvil, el fijo, todos.

Y curiosamente, tengo cada vez más la impresión, de ser una mujer a un teléfono pegada...

¡Resiste! Beso.

Furgo -

Es que... es que... nadie me llama... no llamo a nadie... claro, como no tengo amigos... sniff.
Ahora en serio, nunca he sido muy telefonero, y por eso no necesito móvil, al menos de momento, que nunca se sabe.
Lo que debo admitir es que alguna vez me ha venido de perlas que todos los demás sí tengan. Así solucionan ellos los asuntos y yo perreo como un marajá pasando de todo.

Un besillo, socia.

Sakkarah -

Eso de estar sin móvil es una heroicidad.

Una vez que se empieza, se termina dependiendo bastante de él. La verdad es que hace a veces buen servicio; pero...vivíamos sin el tan tranquilos antes.

Un beso.
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