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El Furgonauta

DOMÉNICO MODORRO

DOMÉNICO MODORRO

Domingo.

El domingo es esa caja adornada con lazo, envuelta de celofanes y brillos, de colores y franjas, de topos y estampados, que rara vez contiene un gran regalo. Es como un engaño de concurso.

El domingo es ese jarrón que está al final de la estantería, que pareció decorativo en su día y que vamos desplazando hasta el rincón. Tan inútil y engorroso, que si no nos lo impidiese la buena educación, lo envolveríamos otra vez para regalárselo a algún primo lejano como nuevo.

El domingo es mortadela con humos de pata negra, un número rojo en el calendario, destacado y orgulloso pero pedante y hueco; un día sin enjundia, figurante, como un escenario para títeres con poco guión y mucho tiempo.

El domingo es el día inmoral, indecente y hasta obsceno que asesina al sábado bendito, al sábado santo (todos los sábados de año lo son) y acaba por hacernos desear al lunes.

El domingo tan hinchado de artificio como una estrella del pop, se atreve a ser el único día que vale para nombre. Antes me llamaría Martes que Domingo. Si todos los que hay en el mundo lo pensaran, irían sin demora al juzgado a cambiar su sino. “Yo quiero llamarme Jueves, señor juez, o Miércoles, o Viernes como el de la isla...”

Y es la jornada de descanso por excelencia. Nos ha jodido, si para otra cosa no vale, ¿para  qué iba a ser si no.?

En domingo hace y recibe uno las visitas que no le apetecen ni muerto. El domingo es un sofá que empieza siendo cómodo y acaba por parecer diseño personal de Torquemada.

El domingo es un homicida lento y paciente que socava los tuétanos del domingante y lo hace viejo, muy viejo, viejérrimo, antes de tiempo.

Si las semanas trajeran un par de sábados en lugar del infausto domingo, la salud mental de la humanidad experimentaría tal mejora que ya no nos tentaría más la idea de regalarle a un conocido aquel jarrón tan feo que a su vez nos regaló un primo lejano y que sienta sus reales en el rincón de la estantería ofendiéndonos la vista. (Arf, arf, que me quedo sin aire.)

Y es que a esas 24 horas que llamamos domingos, la  fecha de caducidad no les dura ni 14: Se pudren echando leches.

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Vol. II

Vol. II

 LA ESPECIALIZACIÓN.                                                           No me hagáis mucho caso, pero supongo que desde la revolución industrial para acá, las personas fueron dejando de tener oficios para tener especialidades. Lo que ocurre con la gente formada de hoy es que se vuelca por completo en una disciplina, aquella que le proporcione comodidad, sustento y a poder ser prosperidad, mucha prosperidad. (Y si además es vocacional, estupendo.) Por eso será que se encuentra uno a ilustres titulados que son unos auténticos figuras en su materia, pero ignorantes de casi todo lo demás.

A modo de ejemplo contaré que una vez tuve que compartir sofá con un abogado mientras esperábamos con resignación en una notaría. Para echar el rato le saqué el tema de la filosofía de las leyes. Recuerdo que le dije: “Oiga, ¿a los políticos, estatales o municipales, cuando se demuestra que mienten como bellacos, por qué no se les puede denunciar e inhabilitar del cargo inmediatamente.?. Sería la verdadera aplicación de las normas. Si un constructor dice que vende una casa de 200 metros con piscina, y luego se comprueba que sólo mide 100 y que no tiene ni un triste charco, se le puede llevar ante el juez. Y si un tío jura que no trafica con nada, pero se le encuentran tres bolsas de coca en el forro de la gabardina, se le detiene por camello. Etc. ¿Cómo es que la práctica totalidad de políticos mienten por sistema, con total impunidad.? ( Y es más, ya hasta con la aceptación resignada de la ciudadanía.)”

El abogado se me fue por los cerros de Úbeda, "que si es que ya se sabe, que si es para ganar votos, que si son los mítines electorales, que si es difícil de demostrar, que si patatín que si patatán"...Yo pretendía hablar de lógica, de sencilla filosofía mundanal, y a él no había forma de sacarle del pragmatismo más recalcitrante. Joder, que cómo funciona el circo es una cosa que ya la sabemos todos, no hace falta que me lo explique. En seguida pensé: Con este tío no me tomaba yo unas cañas ni aunque pagase él todas las rondas. No es interesante en absoluto, sólo es un gran profesional al que aburre pensar.

También, a modo de anécdota, comentaré que he oído no hace mucho a una doctora decir que ella le diría a un señor de 90 años que dejase de fumar. Lo haría porque es su deber como médico. Vale. ¿Pero por qué no me quiso admitir que real y filosóficamente, esa recomendación era absurda, e incluso cruel para el anciano.? A una persona que se encuentra en el tramo final de su existencia no es justo, ni decente, ni moral prohibirle nada, aunque sea físicamente pernicioso para ella. Si una persona que está al fin de su vida no quiere comer, que no coma, si no quiere tomar pastillas, que no tome, y si no quiere dejar el tabaco o el vaso de vino, que no lo deje. Yo supongo que si me llega el caso, lo que desearé es que no me estén dando la barrila todo el día. Menudo favor le hacemos al abuelo riñéndole constantemente. Así lo que quiere uno es morirse lo antes posible. Un poquito más de comprensión y cariño, y un poco menos de restricciones y normas. (Es que no hay manera de ser libre en ningún momento de la vida, cohone.) 

LOS MÉRITOS.                                                                              La vida práctica es una carrera desigual. No parten todos los corredores desde la misma distancia con respecto a la meta. Está más lejos de ella el que nace en un perdido monte asturiano, que aquel que ya nace Príncipe de Asturias. (Es un ejemplo extremo, pero por eso mismo diáfano.)                                                                         

A lo largo de mis años he escuchado infinidad de veces en boca de gente con carrera, que mientras ellos “sacrificaban” su juventud al estudio, los otros, es decir, los que son como yo, nos matábamos a fiestas en las discotecas, cubata va, cubata viene, ligoteo, risas, despreocupación, etc. Si pensaran un poco más allá, tal vez se dieran cuenta de que los curritos además de “sacrificar” nuestra juventud trabajando en fábricas, vendimiando, echando cemento a una hormigonera, respirando serrín, o llenándonos de grasa por una mierda de salario, también deberemos seguir “sacrificando” los riñones, las cervicales, los pulmones, las lumbares y toda la salud el resto de nuestra vida. (Cómo pretendes que no se desfogase uno el domingo en la disco, después de estar pringando como un burro toda la semana en cualquier trabajo raramente vocacional.)

Hay mucha gente que cree que todo lo que ha logrado se lo merece porque se ha esforzado mucho y ha tenido que renunciar a un montón de cosas. Pues bien, yo les digo que no tienen mucha idea de lo que es ser un obrerito toda la vida. 

Podemos hacer parodia, dándole la vuelta al calcetín: “Yo es que me merezco ser peón en un almacén de tejas porque me lo he currado mucho. He tenido que renunciar a muchas cosas. A ser rico, a cuidarme bien los dientes, a viajar por el mundo, a esquiar, a hacer cruceros, etc.”                                                                        

Si esto es un esperpento en boca de un pringado, ¿por qué no lo es cuando lo dice un cirujano o un piloto de Iberia.?¿Cuántas veces vemos en la tele al típico cantante o grupo, diciendo que ellos se lo han currado mucho y por eso han llegado a la cumbre.? Vaya majadería. Hay 700.000 grupos cada día trabajando igual o más que ésos y no serán conocidos jamás. ¿Por qué.? Pues porque no hay sitio para tantos en la cima. Imaginemos que absolutamente todos los trabajadores de un país decidieran sacarse el autónomo y ponerse por su cuenta. Totalmente inviable, imposible. Sólo es posible “triunfar” si la gran mayoría no lo hace. Eso es de cajón. 

LA LÓGICA DEDUCTIVA.                                                        Cuando uno no ha tenido acceso a todos los saberes – pues nadie sabe de todo- al menos debe intentar ejercitarse en una disciplina amateur a la que yo llamo Lógica Deductiva. Se trata de hacer footing mental, de intentar entender aquellas cosas de las que se tiene poca información y pocos datos, intentando elaborar deducciones al más puro estilo del detective clásico, usando la lógica más elemental y simple. Se trata de intentar pensar en que tanto las verdades como las mentiras pueden no serlo. 

NOTA ACLARATORIA.                                                            

Este discurso-peñazo de hoy no está escrito en tono ácido ni resentido. Sólo trataba de constatar realidades, de desmentir equívocos instalados en el subconsciente colectivo y de echar el ratillo, como cuando hablaba con aquel abogado al que tampoco apetecerá jamás tomarse unas cañas conmigo aunque pagase yo todas las rondas.                                                                                          ---------

Vol. I

Vol. I

EL LICENCIADO IMBÉCIL

Quiero analizar hoy una situación a mi juicio poco tratada. Y también constatar una realidad. Puede haber quien se moleste. Lo asumo.

Desde mi posición, -que es la de un tío que acabó la básica a los 14 y a los 15 ya trabajaba en una fábrica- quiero analizar en conjunto a los millones de personas que cursaron estudios superiores llegando incluso a triunfar en sus carreras.

Aquí detallo sólo una pequeña muestra de “cosas” que conocen casi todas las personas formadas, informadas, estudiadas, listas, inteligentes y cultas.

LIBROS:

Cándido, de Voltaire.

Utopía, de Tomás Moro.

Obra de Lorca, de Hernández, de Machado...

El Quijote.

Obra de Quevedo, de Bécquer...

El Principito, de Saint Exupery.

Platero, de Juan Ramón.

1984 y Rebelión en la Granja, de Orwell.

Un Mundo Feliz, de Huxley.

La Metamorfosis y El Proceso, de Kafka.

Síntesis de las obras de Niezstche, Kant, Kierkegaard, Hume, Marx, etc...

Síntesis de los clásicos, Sócrates, Platón, Aristóteles, Séneca, etc.

Pascual Duarte, de Cela.

Obras en general de Delibes, Saramago, García Márquez...

La Náusea, La Peste, de Sartre y Camus.

La Biblia, como no.

(Lo dejo en este punto para no eternizarme.)

PELÍCULAS:

La Naranja Mecánica.

Johnny Cogió su Fusil.

Viridiana, Simón del Desierto, Nazarín, La Vía Láctea, Los Olvidados, etc, etc ,etc.

Ciudadano Kane.

El Verdugo.

El Tambor de Hojalata.

Paris-Texas.

El Gran Dictador, Tiempos Modernos, etc, etc.

La Vida de Brian, El Sentido de la Vida.

Zelig.

La Lista de Schindler.

Películas en general de los italianos, Passolini, Visconti, Fellini, etc. (Y ya paro, aunque hay muchísimas más.)

LUGARES DE VISITA, PINACOTECAS, MONUMENTOS:

Londres, National Gallery.

Roma, Miguel Ángel, Da Vinci, etc.

París, El Louvre...

Madrid, El Prado, el Reina Sofía...

Barcelona, Gaudí...

Nueva York, pues eso, Nueva York.

Praga, Ámsterdam, Machu Pichu, Taj Mahal, Muralla china, Tailandia, Cuba, Casablanca, Túnez, Egipto... (En fin.)

Una vez sentadas estas bases, me viene la gran pregunta: ¿y cómo es que un porcentaje elevadísimo de las personas que han tenido acceso todas esas “cosas” son imbéciles perdidos.?

Yo habitualmente me muevo en ambientes más bien rústicos, de gentes que no han leído un libro en su vida, que van al cine de entretenimiento y que viajan para hacer el guiri y desahogarse del duro tajo, nada más. Pero como la vida es larga, también me voy topando de vez en cuando con personas “altamente tituladas” y en la mayor parte de los casos me pasmo horrorizado ante su impresionante estupidez. Conozco o he conocido dentistas, cirujanos, arquitectos, abogados, periodistas, profesores, empresarios, banqueros, músicos, ingenieros, sacerdotes, directores generales, diputados e incluso científicos que son más gilipollas que hechos de encargo. Ah, sin olvidar a la gente muy Zen, Tai Chi y espiritual que también cuentan en sus filas con un porcentaje de capullos de vértigo.

¿Para qué sirve pues conocer las “cosas”.?

Para bien poco.

¿Eso significa que es mejor la ignorancia.?

No: Significa que da lo mismo. Así son los hechos. Estamos en una sociedad que dispone de los medios -desde hace mucho tiempo- para llevar a cabo un verdadero avance evolutivo de beneficio conjunto, pero no lo hace. Es más, en cuestiones morales-intelectuales retrocede. Cuando yo descargaba mis primeros camiones hace ya 30 años, la mentalidad que emergía de aquel entonces estaba mejor enfocada que ahora mismo. Vamos para atrás. 

Por supuesto he hecho una crítica global. Pero siempre he defendido al individuo como individuo. Por eso creo que a día de hoy, conocer la historia, las obras del hombre, las diferentes culturas del planeta, o las ciencias, no nos está conduciendo a ninguna parte. Y lo digo porque creo que de nada sirve "saberlo todo" y "estar de vuelta de todo"; de nada vale conocer las filosofías si no las vamos a aplicar. 

EL HOMBRE ES UN IMBÉCIL VOCACIONAL.

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NUBES DE BOLSILLO

NUBES DE BOLSILLO

Ahí lo tienes, sobre el cenicero, echando su cordada blanda de humo al techo, construyendo sus nubecillas bajo las estanterías, haciéndose un firmamento como de bisutería, barato y portátil, pequeño.Y el alma se le va yendo mientras le mengua el cuerpo.

También tú como él. También yo me quemo vertiéndome al mundo siendo algo, no sé bien, prescindiblemente eterno. 

Se consume retorcido y pasa del blanco al gris y del gris al casi negro esperando un soplo para deshacer lo hecho. Al aire de la ventana viajará disperso, cada parte por su cuenta y aquí no ha pasado nada.

También tú como él. También yo ya voy andando al viento que me disperse consumido y desgastado. Cada cual es su universo, es el sol de su galaxia, sencillo, manejable, llevadero y mínimo, de contrato temporal, hasta que venga uno nuevo, interino.

Sobre el cenicero, la colilla muerta del cigarrillo se ríe de las grandezas como yo me río.

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ERRORES DE CÁLCULO

ERRORES DE CÁLCULO

Nunca podrán ser más bellos mis ojos que cuando está su cara en ellos reflejada. Su sonrisa en mis pupilas, su sonrisa mansa.

Sonríe, cuando sonríe, como lo hacen las flores al poco de regarlas. Y entonces el árbol es más árbol, el cielo es más cielo, y yo soy más yo, y todo es más todo.

Las grandes cuestiones. Las grandes cuestiones de la existencia. Esas han sido y serán: una sonrisa. No hay otras cuestiones grandes. Lo desconocido, lo que nuestra mente ni alcanza ni comprende, decimos que son. Pero de dónde diablos hemos sacado eso. Por qué van a ser las más importantes aquellas cosas que nunca conoceremos.

Una sola de sus sonrisas vuelve grande lo pequeño, hace de la brisa viento y del mar océano, del chirrido canto y de la mancha cuadro. No me dejes mentir y muéstrasela a la gallina para que sea albatros.

Y al revés igual, que también convierte lo más grande en diminuto. Que acudan a verla hoy mismo todos los dioses del mundo, sin prisas y de uno en uno, que los reyes de las iglesias, saldrán como monaguillos.

Una sonrisa suya, amable demoledora, cae sobre las grandezas, las avergüenza y achica. Con una de sus sonrisas me hace tanto corazón, que me van estrechas las costillas.

ELLA

ELLA

Era pequeña, de mayor, casi como cuando era pequeña de pequeña.

Bonsái, tengo una madre bonsái. Estoy por ponerla sobre la tele, o en una jaulita de esas de hamster con una rueda para que juegue, decía yo a los amigos por bromear cuando hablaba de ella.

Estaba hecha de ratón.

De ratón, de nervio, y de caramelos sugus.

Era paje real todo el año. Sin carruaje, sin cabalgata, sin desfiles, sin heraldos trompeteros, ni gaitas. Era fantasía desde que nació hasta ya no quiero saber qué día.

Y con esas dimensiones de las que hago risa, afirmo circunspecto y severo que nadie ocupará jamás un espacio como el que ocupaba.

Habla la gente del Everest como si fuese algo.

¡Ya ves tú!.

El Everest dicen... Eso es una piedra de mechero, ¿verdad, mama?, una piedra de mechero.

 

Ahora, que más se ha reído ella de mí.

Mira que dejarme huérfano a mi edad... Joder, mama, dime con qué cara me presento yo en un orfanato.

(-Oiga, perdone, señor director. Es que resulta que este fin de semana me he quedado sin madre y venía por si tenía que registrarme o inscribirme o apuntarme o algo.

-Hombre, por todos los santos, si tiene usted más de cuarenta años. Ande váyase a su casa. Seguro que estará casado y hasta tendrá hijos.

-Sí, sí, por supuesto, pero es que ellos no son los huérfanos, el huérfano soy yo.

-¡Esto es inaudito.! ¡Lo que hay que ver.! )

 

Se quería ir. Tenía tanto cansancio y tantas ganas...

Y como yo lo sabía, le estuve mandando una ametralladora de pensamientos para ayudarla mientras lo hacía. Ya habrá quien le envíe dioses, costumbres y supersticiones, me barruntaba.

Uno es más de la oración que va del hombre al hombre, más de las ondas en línea recta, de las que no necesitan mediar por satélites ni repetidores.

Madre mía, madre mía, a ver qué tal se te da esto, pensaba, doliente y preocupado.

Pero no había porqué.

Hizo por no herir a nadie ni una pizca más de lo inevitable; que en trances así, es uno mismo el que se va rompiendo solo.

 

Venga pues, mama, que te voy a hacer una coplilla jauta, sinsal, destalentada, desgarbada y desustanciada; que lo que menos me apetece ahora es competir en hondas grandilocuencias con los poetas que lloraron muertes a la posteridad.

Mira, yo me la voy a imaginar con guitarras distorsionadas, con baterías y bajos, con teclados graves, con decibelios y bronca. Tú te la montas si acaso con aires de jota, de habanera, de cuplé, de zarzuela, de sardana o de bolero.

  

Tú, la perfección completa,

como nada conocí en la vida.

Tan perfecta, tan perfecta,

que hasta defectos tenías.

Y mira qué bien te has muerto,

pequeña mujer, madre mía,

con qué humilde sencillez,

con qué paz y qué silencio.

Tan así, que se diría

que no debía ser esta vez

la primera que te morías.

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POETAS

POETAS

No todos en este mundo frívolo y materialista son como nosotros, gentes zafias, iletradas, palurdas y catetas, gentes de andamio y palillo rechupado en la boca. Hay, por fortuna personas que en su hacer cotidiano, sin sentirlo siquiera nos dan constante muestra de elegancia y saber.

He aquí una de ellas:

Mamés- ¡Hombre, cuánto tiempo sin vislumbrarte, Cecilio.!

Cecilio- ¡Anda, cuán grata sorpresa cáusame este inesperado encuentro, Mamés.!

Mamés- ¿Y qué es de tu periplo vital, amado amigo.? Te recordaba de la universidad más enjuto y con los cabellos harto más luengos...

Cecilio- No seré yo quien se licue en llanto por el trato recibido hasta este feliz instante en que el gozo de tu presencia me hace culminar en guinda . Peor manejo les dio a otros la vida, que igual o mayor mérito hicieran.  Y está mi figura más hercúlea y carnada que la en que tu memoria se proyecta, porque cultivo el cuerpo y lo ejercito. Que así a la mente se procura idéntico beneficio y fluye con más seda lo que en el magín se cueza.Y los pelos me sesgué, ya ves, pues a mi esposa -y hace poco madre de nuestro primer retoño- no le parecían de buena estampa. Razón tenía, pues aun siendo joven como tú mismo, más reverdecido ahora me ofrezco a los ojos del entorno.

Mamés- Vaya con el buen Cecilio. Padre tempranero. Semilla de culto cultivado que en tiesto fértil afloró con.., ¿con niño, o niña.? 

Cecilio-   Niña, niña como su madre, con mi nariz, mis cejas, mis orejas y sus ojos. Unos ojos como lunas de azabache –cual borrico juanramonero- sobre un cielo sonrosado de angelito zurbaranense o murillano, que tal angeleaban uno u otro según tengo entendido y si la memoria no me burla.

Mamés-  Así que niña. Qué dichoso y pleno debes sentirte, amigo. Y cuánta envidia me inoculas, sana, por supuesto, que de otra casta en mí no tuviera hueco. Te me figuro en el lechito junto a ella, tan frágil e inofensiva, tan cercana a las nubes en su pueril soñar, como pudiera estar la alondra. Ay, compañero del alma, me inspiras: Es tu niña una alondra que...

Cecilio-   Oye... –disculpa que te interrumpa- ...que atolondra, una alondra que atolondra. Jamás sospeché que en tan mínimo tórax pudiese caber tamaño fuelle. A grito pelado llora que te llora por la noche, por el día, al ocaso y a la aurora. Duermo como los delfines, con medio cerebro abierto, y mi sueño es de profundo como un disco de Peret pudiera serlo.

Mamés-   Bien lo vale el sacrificio, bien lo vale. Ante un capital tan inmenso, dormir o no, es miseria y calderilla. Pasarán los tiempos incipientes de llantera incontenida, y como planta de buganvilla crecerá y se emparrará a la vida para iluminarla con su florido color. Mécela hoy, acuna su travesía, y siéntela como un bajel diminuto y blanco. Procúrale un oleaje sereno en su cunita inmaculada. Ella a cambio te dará  con creces, amigo mío, lo que nada ni nadie darte haya podido.

Cecilio-  En efecto. De razón te cargas. Tan pequeña y ya lo hace. Me regala con lo que a su primario alcance halla. Y generosa es en grado sumo, bien lo sabe el cielo. Que no hay día en que no me obsequie con todo lo que le sale de dentro. ¿Inmaculada, dices.? Eso lo discutiremos.

Mamés-   Estooo, bueno, a qué mentir, lo cierto es que calzas ojeras.

Cecilio-     Ya te digo.

Mamés-    Pues nada, que se me hace tarde, ya nos llamamos si eso.

Cecilio-  Por mí, de acuerdo.

Mamés-   Chao, nos vemos

Cecilio- Hasta luego, Mamés, hasta luego..... Por cierto, ¿tú no casaste, verdad.?

Mamés- No, no, soltero, soltero.

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ALGO

ALGO

Algo tengo metido dentro dentrito dentro.

Al templo del oculista -representante del dios del ojo en la Tierra- acudiré deprisa. Duele como antes nunca. Lagrimitis lagrimea lagrimón. Escuece de geometrías, de aristas que matan por erosión. Igual que desbarata el cielo un perfil de tejados, tal como inyectan las antenas su ponzoña visual a la cadena de burbujas que hacen en sí la nube, me araña el ojo un daño fiero.

Ponme contraste, oculista, y mírame qué tengo tenguito tengo. Si es la mota ajena, la viga propia, o son ambas las que atacan. Sácame con firme pulso el mal y los dolores, arránqueme tu pinza la llorada; lo mismo es si se pierde el ojo, pero acaba.

Tengo algo, algo tengo, irritándome sin tregua. Me miré con luz de espejo, me di con agua, rebusqué con la punta de un pañuelo, y nada. Y llora si lo abro y si lo cierro llora, como un crío descontento, como herido que no sana. Y me froto y es peor, es un gangster que me apaga cigarrillos en las lágrimas. Creí que, como otras veces, una limadura de hierro me hubiera entrado al afilar formones en la muela, o polvo de serrín, o astillas, o cualquier cosa, cualquiera... Echa por favor una gota de anestesia y diagnostica, doctor del ojo, y dime qué me ha entrado dentro dentrito dentro.

“Una pena, una pena tienes clavada de la que sólo veo la empuñadura. La punta entró por la mirada y ya le ha hecho hueco al alma. Es acero triste de triste travesía. No hay pócima ni cirugía, cree de veras que lo siento.”

Negro veo, y en el negro se representa, sobre la noche del cielo, la  revuelta abstracta de los recuerdos en un lienzo viejo que consigo lleva más agujeros que tela. En agua salina de la mar enferma, con los ojos abiertos, veo, se me figura, como deben ver los muertos, cómo se derraman desde el cuadro los colores y se van al suelo. Y, siendo así, no ver prefiero. Menos mal sería ser ciego que este feroz lagrimeo. Una pena, dice el médico, una pena ha dicho que tengo.

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HOJAS SECAS

HOJAS SECAS

Con el pelo cayendo sobre la frente, con peso de sauce, con cara de árbol herido de bala, como un río en el aire, ni norte ni cauce, vengo de los días que me hacen otoño, buscándome en alguien y sin encontrarme.

Puede que la muerte no tuviera nada en su agenda esta tarde y, falta de trabajo, conmigo se ensaye.

Quién se me parece. -Y miro al gorrión que baja del árbol a ver si hay simientes.-

No vas a ser tú, que te vi mil veces esperando sabio cómo salgo al patio a sacudir manteles.

Te lo contaré: Con una semilla y dos migas de pan no se calma un hombre ni sus soledades. Es insuficiente.

Ya conozco al viento, ya sopló por mí, helando mis manos, cortando mis labios y haciendo el payaso sobre mi nariz.

Ahora el frío es dentro, más dentro de adentro que el propio esqueleto que intento vestir.

Quién seré de todos, como quién seré.

Si hubiera una línea, un hilo tan sólo, una hebra de cosmos, que me conectara adonde quiero ir...

Tiré mi sedal por todos los mares.

Muriendo en su anzuelo va mi corazón.

Si no ha de quererlo nadie,

tampoco lo quiero yo.

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EL OBRADOR

EL OBRADOR

El que escribe –ya sea por profesión o amateur- forma su particular hilera de letras, su cosido de sílabas y sus secuencias de palabras, ordeñando la fantasía y la realidad, y confundiéndolas o separándolas según le ronde la musa. No hay otra.

Y se alimenta del pasado por fuerza -como decía Umbral- ya que resulta imposible nutrirse de un futuro que siempre estará por ver: Somos los besos y las bofetadas que se llevó nuestra cara, el hueso roto, el tropiezo, el estupor, la diversión y la convalecencia; somos el primer recién nacido visto y el primer muerto velado, el mareo de un cigarrillo rubio y una copa de menta, el miedo a un guardia, a un maestro y a un examen, la risa adolescente incontenida y la vergüenza de un pantalón manchado; somos el primer poeta, -siempre seremos nuestro primer poeta- aquella película extraña que al fin entendimos, la sorpresa de haberla comprendido entonces y no antes, la  chulería nueva, el desparpajo; somos la abuela amada y el odio al padre, la semanada sin seguro en un sobre pequeño, ilícito y marrón, la firma ensayada para nuestra posteridad finita; somos el automóvil que humeaba en las cuestas, la visita semanal al mecánico, la acampada en cueva, la escasez de recursos, la solidaridad obligada, las circunstancias, en fin, de un afamado filósofo al que no conocíamos. Somos el pasado de los días y lo que en esos días nos pasó. De tal lápiz somos dibujos. O borradores, según se mire, porque aún la suerte estará trazándonos con más o menos simpatía. 

El que escribe -profesional o aficionado- se irriga del atrás porque al delante no se llega. Y con rigor o con trampa, se cuenta a sí mismo o se inventa, es quien dice ser o imagina ser lo que quisiera. Crea realidades, seres, emociones, suplanta si conviene lo que haga falta y se apodera de la sensación ajena y las identidades; hace mundos, extingue universos, rima lo dispar, minimiza o exagera. Hace. Obra y manda.

¿Escritores.? No, mucho más, madre mía: taumaturgos de salón.

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CISNE

CISNE

Entre el sol y la palmera van tejiendo sobre mi cara un canasto de sombra y luz, quiero pensar. No es mal sitio un trozo de parque con su estanque de aguas otoñadas para embobarse de pensamientos no remunerados. Uno está más cerca de la cosa suya cuanto más se aleja de la cosa práctica. Uno tiene como si dijéramos el alma más a huevo cuando sabe que lo que hace o lo que no hace no conduce a ninguna parte ni se puede cambiar luego por una nevera sin escarcha o un polo de cocodrilo.

Qué sabia es la naturaleza, pienso en la tercera caña, mientras miro como lo nunca visto a esos bichos que se lo hacen por la charca. Y por qué va a ser sabia, me contradigo de pronto. Mal diseñador tuvieron, caso de tenerlo. Y me mira el cisne, uno de ellos, como adivinándome los sesos, con ojos de reto.

Pues sí, cisne, sí, buena prueba eres tú de ello, embarcación orgánica de propulsión a pataleta. Quién en su sano juicio pondría el mástil en la proa, dime, anda, dime. Y se va. Se va bogando con sus remos subacuáticos, palicortos y suficientes, a continuarse el nado en una singladura de rodeos y cercanía. Allá van él y la parentela simulando raíles o curvas por entre las hojas que tapan el agua, a rajar de las ocas, que según ellos son como si fueran ellos pero sin acabar -errores de diseño o desidia de diseñador- y por eso andan siempre en suspicacias y cabreo.

Y los patos, que según las ocas son como las ocas pero mal terminados, disputan las migas que tira el abuelo a un hervor de carpas que muestran los lomos sobre el chapoteo y por un momento se creen de Amazonas. Valientes pirañas son estas, atacando el pan con bocas de goma como si se diera en ellas una gran proeza.

Cisnes, ocas, patos, carpas y ranas. Tropezones inquietos en una gran sopa, hechos de desproporciones, de límites, de remiendos. Biología de los azares. Cosas pluricelulares capaces de mirarse y ser miradas.

El sol va bajando por detrás del monte. Parece una moneda hundiéndose en un cerdito de barro. La pantalla de mi cara pierde varios puntos de color, agrisa por momentos, y pienso que si no me voy ahora, quizás concluya en blanco y negro.

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ANTROPOLOGÍA DE MERCADILLO

ANTROPOLOGÍA DE MERCADILLO

El niño de las películas habla y juega con su amigo imaginario. Y le puso nombre.

Su mami le sigue la fantasía y hasta le pregunta por él. Cómo está Tommy, le dice. Ahora se ha cansado y no quiere ayudarme a hacer los deberes. Luego pintaremos un poco con las acuarelas. Oh, muy bien, cariño, dice la mami. 

Los hombres, o muchos de ellos, también necesitan inventarse. Nadie tuvo nunca alma, que se sepa, pero la mayoría aseguran tener una. En cada cual es distinta, pero todos acordaron llamarla igual. Es el yo imaginario e ideal que uno quisiera: Uno quiere ser espíritu y lo inventa, mas nadie sabe explicarlo. Es algo que se nos escapa, indefinible, se suele decir.

Las cosas reales que existen y conocemos, de una u otra manera las podemos definir. Todas. Y también las de ficción son explicables.

En el asunto del alma-espíritu se da una curiosa paradoja: Es un concepto ficticio, pero hay quien se arriesga a definirlo. Simplemente llamamos alma a otras cosas.

Unos dicen que es eso no tangible de nosotros, lo no corpóreo. (¿Se estarán refiriendo al pensamiento acaso.?)

Otras versiones aseguran que son las acciones, o más bien los efectos que nuestras acciones, nuestra palabra, nuestras conductas, etc, dejan como cookies en el ordenador global del universo, la huella de nuestro paso sobre la vida.

Hay quien lo siente como la proyección del ser interior al cosmos, como el caldo valioso que se halla contenido en el receptáculo de un cuerpo perecedero, como una esencia trascendente sin fecha de caducidad.

Habrá quien lea esto y tenga su propia versión del alma, su particular imagen de un Tommy diseñado a su medida. Habrá quien sienta que la piel y el hueso son demasiada prosa y necesite construir sobre tan mísero edificio una cúpula de poesía. Y todo lo entiendo. Yo daría el pie derecho por una frase conmovedora y cualquiera de mis omoplatos por una metáfora sin límite ni rienda, pero hoy de lo que hablo es de la realidad, la conocida, la que cuando asegura algo, debe aportar pruebas. No sé qué es la fe, francamente, no tengo ni la más remota idea. (Bueno, estoy mintiendo: fe es creer algo indemostrable.)

Lo que sí sé qué es, es aquello a lo que por convenio llamamos espíritu o alma.

No tengo de eso, pero entonces ¿por qué soy tan bueno, o sensible, o solidario, o poético, o emocional, como cualquiera de los que dicen tener.? Sencillamente porque ellos llaman alma a un batido formado por la imaginación, las emociones, los deseos, la sensibilidad, el fuero interno en definitiva, etc, que viene envasado en el gran tonel del pensamiento.

De nada sirve, como sabemos todos, tener un alma como tanta y tanta gente tiene, metida en un cuerpo vil, en una emoción sucia, en un ideario ruin...

Muchos espíritus conozco que sólo son la  pretendida ampliación etérea de un cuerpo y una mente inhóspitos y prescindibles.

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NOCTURNO

NOCTURNO

Gallinas de karaoke. Eso trajo la noche. Y runrunes en la cabeza. Y un poco de miedo. De ese miedo adulto al que ya no le sabotean los sueños cuatro monstruitos de látex, pero que también es miedo.

Unos colmillos horrísonos de silenticidio hicieron trizas el vacío calmo mientras dormir quería. Y luces epilépticas de coches tontos que se venían a flotar intermitentes por las tres lamas de persiana que nunca ajustan del todo. Rayos de plancton aéreo color de pan rallado flotando en haces rectilíneos de la ventana a la nariz. Polvo respirable de planeta. Ruido y luz. Frecuencias sónicas de la aberración. Varas luminosas fustigando al párpado acorralado. A la mierda se fue la noche. Debí haber bebido un poco más de vino para la cena.

Los borrachos que compiten en ladridos apoyándose en las vallas dormirán dentro de un rato ajenos a todo.

Pitidos de ordenadores, microondas, congeladores, aires acondicionados, pitidos de llave en el contacto, de cinturón no abrochado, de puerta del conductor abierta, de nivel de gasoil bajo. Por un momento creí que toda la electrónica cotidiana se manifestaba contra mi sueño y que si no conseguía dormir ahora, no podría hacerlo nunca más.

Botellas resonando en el contenedor. Agresión vítrea. Quebrados que se multiplican estallando cuerpo a cuerpo con violencia. Demasiado dolor, demasiado. El tímpano quiere morfina o muerte. Camionetas que se llenan de artefactos ahora mudos, destetados súbitamente de la ubre eléctrica que los nutría; furgones que se cargan de golpes y chirridos con desidia. Urracas de metal. Es tarde y viene la prisa. Sogas deslizándose entre los bultos como serpientes de nylon, que extrangulan a su presa silbando un rasgado de pizarra. Sinfonía final en claxon. Nocturno para cuerda, demencia y trompa.

Matar la noche. No existe otra alternativa. Hay que matar la noche aunque sea a pensamientos, porque sentirse mal es intransferible.

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LA LLAMAREMOS CHARO

LA LLAMAREMOS CHARO

La Charo lleva en sus bodas de plata un matrimonio de quejidos. No de gravedades o violencias, no de escandalizar al vecindario, sino de arrepentimientos al goteo.

Es como una cadenita al cuello trenzada de frustraciones chicas en la que cada eslabón fuera el marco de una lágrima.

Y año tras año, la Charo y su par se entienden y desentienden, se gruñen y se desgruñen en largos días de idéntica fatiga.

Pero ahí siguen, cada cual con su propio dialecto de la realidad, hablando sin entender lo hablado y oyéndose como se oyen los anuncios que da la tele cuando uno va y viene por la casa.

Son dos televisores encendidos que tal vez nunca coincidan en la misma sintonía.

La Charo pasa media vida desahogándose con los de confianza, haciendo preguntas al amigo indispensable. ¿Tú qué harías en mi sitio.?

Y cuando obtiene respuesta dice que eso ella no podría hacerlo, que lo malo es que se quieren, que nunca se han entendido pero en el fondo se quieren.

La Charo se refiere a que por las noches dice que hacen el amor, así lo dice, y yo ni añado ni quito.

Al llegar a la cama, tras una jornada de reproches, hartazgo y evasivas, le echan el cierre haciendo el amor.

Ella cuando busca consejero no es por el consejo sino por la pena. Necesita, como si se tratase de un tratamiento médico, su dosis semanal de conmiseración.

Jamás le diré tal cosa.

Y jamás le diré que eso que hacen cada noche no es el amor sino las paces.

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COMUNIDAD DE PROPIETARIOS

COMUNIDAD DE PROPIETARIOS

Es mi vida. Lo que haga con ella es cosa mía.

No, ni hablar de eso, amigo. Estás en un tremendo error.

Nada hay en este mundo que te pertenezca por completo. Y tu vida no es una excepción.

Haz la prueba. Intenta hacer con tu vida algo que no guste a sus copropietarios y te montarán una manifestación en contra.

Porque la vida, eso que creemos ingenuamente como lo único realmente regido por nosotros, es una suerte de multipropiedad. Es una empresa en la que constamos como el mayor accionista pero no como el único. Te lo diré más claro, chaval: a simple vista tu casa es tuya, tú la pagas cada día y está a tu nombre según parece, pero no intentes pintarla a topos rojos sobre fondo verde porque tus vecinos no lo consentirán. (Además, las leyes de urbanismo estarán de su parte.)

Tú tienes acciones en la vida de otra gente y otra gente las tiene en la tuya, y la única forma de llegar al gobierno soberano en tu propia vida es desaciéndote de los demás copropietarios hasta quedarte completamente solo, renunciando, claro está, a las acciones que pudieras tener en las vidas de otras personas.

Nadie con un afecto es propietario de sí mismo.

Y aquellos que participan de la empresa que eres, a menudo resultan más intransigentes con el rumbo que ésta debiera seguir que tú mismo, ja, ja, director gerente.

Mi vida es mía,  dices.

Qué ingenuidad, pardillo.

Si de verdad la quieres para ti, la próxima vez no cometas el error de apreciar a alguien.

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LOS UNIVERSOS

LOS UNIVERSOS

Hay dos mundos, dos propuestas íntimas acurrucadas como ratoncillos en esa suerte de intestino que alberga nuestra cabeza. Son dos estancias del pensamiento, dos argumentos siameses, dos órganos desiderativos envueltos en carne de palmaria constatación.

Ahí se traduce la vida, se procesa y codifica. Hay dos tensiones que igual se agreden que pactan. 

El cerebro medita, sopesa, valora, cuantifica, decide, elige, determina, sentencia, duda. En cada mitad se erige un mundo. Uno está formado por aquello cuya existencia celebramos, y el otro por lo que no queremos que exista. Son como dos alcobas en las que se hubiera instalado una trampilla giratoria.

A veces pasa de un universo al de enfrente algo que antes odiábamos y ahora aceptamos. A veces ocurre al contrario y se cambia de bando una concepción amada para ser repelida. Dos mundos, dos visiones parciales del mismo pensamiento proyectadas por un mismo individuo.

Preferimos. Marcamos sentencia, sin fijar plazo de extinción, sobre a qué seremos permeables y a qué refractarios. Decidimos qué debe ser y qué no, quién es bueno que viva e incluso quién no debiera haber nacido.

Hay dos espacios ocupados por nuestro arbitraje. Están mirándose a la cara y ambos son completamente ciertos. Ese es nuestro criterio, el de todos y cada uno de nosotros. No queremos ni podemos aceptar el paquete completo de la vida ni todo el espacio en que se desarrolla.

Dos hemisferios, dos conjuntos matemáticos con una minúscula portezuela entre ellos por la que pasan de una en una y sólo de vez en cuando, las cosas nuevas que van a odiarse en adelante o las que ya se han empezado a perdonar.

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CONSEJERÍA ALTERNATIVA

CONSEJERÍA ALTERNATIVA

Anda sobre las aguas, no te sumerjas en las mareas, el que quiera correr que corra, no te inscribas en las carreras, no ganes, no pierdas, el peleón que se parta el pecho, el competidor que se rompa los pies, que eso no vale un duro ni del derecho ni del revés, que sólo pierde el que ganar pretende, que jamás se derrota a quien no compite, no creas nada que se dé por cierto, que hay mucha mentira de verdad vestida por repetición, ahí yo no te miento, que en este guiñol ni viene el lobo ni el cazador, no conozco un muerto que se tenga miedo y sí cienmil bobos viviendo en pavor, temiendo castigos, buscándose premios, purgando pecados, odiando enemigos y gastando su vida en competición, ay, pobre atletilla, el más pobre del mundo, que quiso ganar y llegó el segundo.

Anda sobre las aguas, no te sumerjas en las mareas, hágalo quien lo prefiera y apártate de la acera si ves que alguien lleva prisa, no estampes ningún dorsal al pecho de tu camisa, no saludes al triunfo como si el triunfo existiera, eso son literaturas para cabezas de oveja, date sin afán de usura y vívete cuanto puedas, que el éxito se consigue llegando en grupo a la meta.

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SIN PUNTUAR

 

Te quise al principio con locura porque al principio no se puede querer de otro modo es cosa de la sangre su bullicio y sus latidos y después te seguí queriendo yéndonos ya detrás del tiempo como un poco más pero como un poco menos y ahora te quiero no te engaño no te miento bastante más que hace diez años pero es por falta de alternativas que te quiero no creas y mira lo que te digo y soy sincero que a la vuelta de otros diez volviendo la vista atrás verás que a día de hoy te estaba queriendo menos y es porque no encuentro remedio ya te cuento y te reitero por falta de alternativas vaya que no se me ocurre nada que fuera mejor que eso

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EL TRISTE SINO

EL TRISTE SINO

Coloqué mis manos planas extendidas, una sobre la frente y otra sobre la barbilla.

Descalcé mis pies y los introduje en el arroyo.

Entonces puse el reflejo de mi cara entre ellos y formé con todo un cuadro enmarcado que temblaba en las aguas cristalinas.

Cuando más tranquilo estaba, saltó un rano y lo deshizo.

Y dije para mis adentros, existencialmente herido: 

Oh, cuan efímero lo perecedero.

Oh, cuan breve lo corto.

Oh, cuan fugaz lo breve.

Oh, cuan injusta la vida.

Oh, Cuan Ramón Jiménez,

un instante la poesía,

y cuan desigual lo nuestro.

Cuan largos los espagueti.

Y cuan cortos los fideos.

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LAS NIÑAS

LAS NIÑAS

Paso por la acera de la piedra cierta, al trámite, al asunto, al papeleo feo de las gafas negras. Y en la tapia de reja, un alboroto agudo va y me despierta. Las niñas de la escuela, un vigor y una indolencia vestidos de bata verde, a jugar juegan. Y pellizcan el aire con su voz de piano en tecla pequeña, más hermosas que dios y la primavera. Niña de bucle y onda, enjambre vivo de abejas, no te distraigas conmigo que soy una cosa seria, haz hoyitos en la arena, que eso sí importa de veras. Y esa niña de las trenzas cuando las brinca y corretea, se me figura que tiene dos perrillos de alegría rondándole la cabeza. La niña del ojo chino, casi despierto casi dormido; la niña del pelo crespo, negro como lo más negro con mil lacitos de luz naciéndole desde dentro; la niña de las nevadas, rosa por el sol, ruborizada, siendo tan lunar y blanca...

..Paso por la acera de la dura losa, yendo a lo que hay que ir, que es como no ir a nada, y las niñas en el patio, hacen, sin caer en mí, afortunadas.

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