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El Furgonauta

LA AUTOBÚSQUEDA

LA AUTOBÚSQUEDA

Uno no se encuentra a sí mismo, se halla perdido, sin identidad. Entonces no hay posibilidad de autoestima. Claro, como no te conoces, no te puedes apreciar.

Pero he encontrado una solución, aprovechando las novedades tecnológicas.

Todo tiene su aplicación positiva, hasta la dinamita o el opio.

Me he abierto dos cuentas en facebook. Me he invitado a ser amigo y le he dado a aceptar. 

Ahora me relaciono conmigo cada día en la red. Puedo ver qué opino de las cosas, cuál es mi estado de ánimo, qué músicas me gustan y qué color es mi favorito...

Dios, ¿cómo no lo había pensado antes.?

Ya me he encontrado a mí mismo: ¡Soy amigo mío facebook.!

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ES LO QUE HAY.

ES LO QUE HAY.

Las reflexiones que vienen a continuación, en ningún caso pretenden ser un juicio de valor, sino un lúdico intento de análisis desde el pensamiento amateur.

La evolución, sobre todo en los tiempos modernos del ser humano, le está llevando a la pereza y la fragilidad.

El día en que la calculadora portátil estuvo al alcance de cualquiera, se hizo innecesario saber multiplicar, dividir, sumar o restar. ¿Para qué vamos a dividir 2.365 entre 768 con un lápiz en una hoja de cuaderno, si con una pequeña maquinita lo resolvemos de inmediato y sin tener que repasar la operación en busca de errores.? ¿Para qué vamos a recortar los cipreses con una enorme tijera, habiendo artefactos eléctricos.? ¿Para qué vamos a pensar en cualquier problema social, político, filosófico o artístico, habiendo gentes ilustradas que ya nos brindan sus opiniones a través de las televisiones, periódicos o radios.? ¿Para qué nos vamos a matar haciendo dibujos o planos, habiendo programas informáticos que nos permiten borrar y modificar cualquier trazo.? ¿Para qué vamos a conocer la ortografía, habiendo correctores de texto en nuestro ordenador.? Etc.

 

Todas las cosas tienen efectos secundarios.

Evitar el trabajo pesado, tanto físico como mental, o agilizar las tareas, es una satisfacción. Pero tiene consecuencias.

Que nos armemos un lío haciendo una multiplicación de muchas cifras con decimales, que nos olvidemos de la regla de tres o la raíz cuadrada, no es algo que nos impida desenvolvernos en la vida profesional actual, pero sí incide en nuestro desarrollo intelectual, en nuestra agudeza mental.

Que practiquemos agujeros en una pared usando un taladro de batería o cortemos un listón mediante una sierra de calar eléctrica, nos facilita el trabajo, pero nos hace menos diestros.

 

El ser humano lleva una evolución que le conduce a ir menguando poco a poco el pensamiento y las habilidades.

Es lógico por tanto, que un carpintero del año 1.950 tuviera muchísimo más oficio que yo, y que yo sea un auténtico manitas si me comparo a un futuro virutas del año 2.050.

Del mismo modo un maestro de hace 70 años difícilmente cometería una falta ortográfica grave, y hoy en día abundan los profesores que las cometen con indolente asiduidad.

Supongo que ello nos debe llevar a deducir que estamos perdiendo destreza física y disposición al esfuerzo intelectual en la misma medida en que ganamos eficacia mecánica en nuestras herramientas.

Así pues y concluyendo, el ser humano dirige sus pasos a ser cada vez más inútil.

Si no ejercitas un brazo, éste se debilita. Y si no ejercitas la mente, lo mismo. Es algo natural.

 

Como decía al principio, no me meto a valorar si es mejor la parte buena del asunto, o peores los efectos secundarios. Pero lo cierto es que a nivel íntimo, individual, vamos para tontos, perezosos, frágiles y torpes.

(Puede llegar un momento en que cuando se nos rompa una uña necesitemos asistencia médica, je je.)

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QUE NADIE SE MUEVA.

QUE NADIE SE MUEVA.

Aun en la estancia más serena y apacible se hallan desvanes de pena, rincones con dos cajas de polvo pesimista.

Yo que nací en el sesenta y uno, ya muera dentro de cuarenta calendarios o me eche la siesta eterna la semana entrante, llevaré a mi fosa una derrota severa: Haber visto al hombre durante una vida sin cambio que destacar, ni gesto que se le parezca.

Habré de esforzarme un poco si quiero que alguien me entienda.

Ningún signo de crecimiento he presenciado durante mi estancia entre esta cifra de dos ceros a la que llamamos vida. Un cero prenatal y otro post mortem sería.

Oh, sí, claro, claro, por supuesto, en la mano que sostenía una clavija frente al panel de agujeros, hoy hay un teléfono que fotografía lo que no importa ni al fotógrafo, una canción de grillo agonizante que toca su chirriar de lira enferma por las ondas de la magia, y una llamada perdida, como son la mayoría.

El puño que asía una azada de tierra, sudor y haya, ahora pulsa un teletexto desde su mando a distancia.

Donde hubo cruel enfermedad, tenemos amplia farmacia. (¡Larga vida a la insustancia.!)

Y así podría seguir hasta el bostezo, enumerando ingenios un kilómetro más allá de lo necesario, porque es trabajo gratuito tratar de las evidencias y contar lo que es sabido.

Pero el hombre no es otro, ¿el hombre? no, ni hablar, que sigue siendo el mismo, ese mono vertical, esa comadreja tiesa, ese cocodrilo erguido.

Así pues:

Dejaré tras mi paso al ser exacto que encontré. Nada evolucionó ante mis ojos que sea digno de reseña – opine Darwin si acaso- este orgulloso animal desde que yo lo conozco. A igual pie, idéntica huella.

 

De entre todas mis sonrisas recojo una lágrima. Una miserable gota de tristeza por mi especie. Cien años habré tenido constancia de su trayectoria, -en parte por estar presente y por lo que me contaron abuelos a través de su memoria- y los hombres permanecen como fueron.

Y es que nunca los tiempos vieron tanta progresión mecánica para ningún movimiento.

De tal manera me duele el hombre, que ni me apetece rebuscar en diccionarios palabras de peso para decirlo. No merece la criatura ni pasar las hojas ni mojar el dedo. En mala prosa lo conocí y en mala prosa lo habré devuelto.

Que no sea el próximo siglo un siglo más de hombre quieto. Que no tengan nuestros hijos cien años, otros cien, de desperdicio.

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NÚMERO DE SERIE

NÚMERO DE SERIE

Oh, soy tan importante..... se dice uno cuando le parece.

De un valor tan grande como quiera concederme.

Igual me viene estrecho el verdor del Amazonas y aun me asoma la cabeza entre las hojas como en un poncho, que quepo con holgura en el bolsillo de una bata junto a una peonza y un llavero. 

Dime, sabio, en nuestra magna obra del mundo, en ese larguísimometraje que nos viene llevando de la caverna al espacio, si saliese el nombre de los actores por orden de aparición, qué número sería el que yo ocupase. 

Qué hombre soy, entre tanto vivo y tanto muerto como siempre ha habido.

Oh, soy tan importante...... se dice uno cuando le parece.

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DIA DE DIFUNTOS

DIA DE DIFUNTOS

Día de todos los santos, día de todos los muertos.

Los muertos que tengo yo no deben llegar a cuatro. Seguro que tendré más, pero a algunos no los cuento. No voy nunca al cementerio, ni siquiera en ir hoy pienso, aunque me juzguen por eso. No soy de andar con floreros, ni de poner fecha al llanto, -cosas del temperamento- que la tradición en grueso resbala por mis espaldas como por un chubasquero. Igual que lo hablo lo siento. Cuando se mueren mis muertos, vayan al nicho o al cenicero, me despido de sus cuerpos por los tiempos de los tiempos, diciéndoles que lo lamento, pero nunca he de venir a verlos. Seguro que ellos lo entienden como vivos me entendieron.

Día de todos los muertos, día de todos los santos.

De los míos estoy contento, no me tuvieron por malo, y saben que los visito sin hacer desplazamientos. Por eso me duele el pecho y a veces no es del tabaco, que es de ellos, de los muertos, del hueco que les hice en mí para llevármelos puestos.

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UNA HORA

UNA HORA

Miro el reloj fijamente durante una hora en un trance crónico, cronográfico, cronométrico, cronológico.

Esa hora está pasando en mí, por mí, y por todas las criaturas y objetos del universo.

En esa hora sube la savia de la oscuridad al verde, abofetea el viento sin piedad a las veletas, duerme el niño que puede dormir y llora el que quisiera hacerlo, cruje el hielo gigantesco herido de muerte por un mísero termómetro y se hacen nubes en los cielos.

En esa hora fluyen los vehículos por las mil avenidas de gran ciudad igual que corren los glóbulos por las mías.

En esa hora un leve picor incomoda mi pierna derecha por detrás de la pantorrilla. Se ve que uno de esos glóbulos se fue para un capilar y al no verle salida, se revolvió enfadado.

En esa hora hay calles vacías en algún lugar del mundo y quién sabe cuántos tipos mirando la luna.

En esa hora se oculta el sol en el lecho de un río, en la copa de un árbol, en el aburrido horizonte de un llano desierto, por las espaldas del mar y en los dientes asimétricos de una arisca cordillera.

En esa hora, que está pasando para mí y para cualquiera, un par de neuronas se encuentran en mi cabeza y dando un chispazo se saludan efusivas, ya que llevaban mucho, mucho tiempo sin verse.

 

GRISES

GRISES

Cierro los ojos para mirar un rato la oscuridad. Y veo que tampoco es tan oscura. Es como un fluido de grises que no acabaran de llegar al negro. Al menos no al rotundo de una pintura. Como si le faltasen arrestos para la contundencia.

¿Me defrauda acaso.?

Tal vez es que, aquejado de condición humana, le exijo estética hasta a las penumbras. Cuestiones estéticas. Que el mundo está afectado de estéticas, me viene a la cabeza. Importa más el aspecto que el objeto y la forma que el servicio.

Color.

Abro los ojos y con ellos da comienzo una obra en la que prima el vestuario. El atavío de los actuantes. La indumentaria incluso de las palabras que disparan sus bocas. Vestir de gala las letras digan lo que digan o no digan nada. Mayúsculas tocadas de faisán y pomposa resonancia. Voces graves impostadas para todo texto. Histriones del grito. Paroxismo de la vulgaridad y el aburrimiento.

Pues no era tan negro el negro cuando sellé mis párpados. Ni tan blanca la luna al abrirlos.

Mayordomos de purpurina al servicio de la exageración. Eso somos, me digo mientras cierro los ojos para descansarme del color echando un rato en la realidad de grises.

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SÓLO SON DOCE EUROS.

SÓLO SON DOCE EUROS.

Cuando una persona es coherente, suelen pasar dos cosas:

Que sea admirada, o que sea tomada por  extravagante.

Las personas en general no suelen-solemos ser coherentes.

Ahora pues, no voy a criticar el comportamiento de las personas, sino a analizarlo, comentarlo o constatarlo, simplemente, y desde mi condición de persona corriente, no de experto en nada.

En el artículo anterior hablaba de un tipo de solidaridad de nuevo cuño. Pero hay otro también bastante novedoso, como es el apadrinamiento de seres desvalidos.

Existen numerosas ONG´s, que se dedican a ello. Según la que miremos, el apadrinamiento de un  niño tercermundista, cuesta 10, 15 o 25 euros al mes.

Una vez, tomando los cafés tras una cena de amigos, uno de ellos dijo que había apadrinado uno, y nos instaba a hacerlo también a los demás.

“No son más que doce euros. Eso nos lo podemos permitir cualquiera. Y si todos lo hiciésemos, sería cojonudo. Doce miserables euros al mes. Te mandan una foto. No es algo impersonal. Puedes ver a quién ayudas. Es un crío de diez años. Se llama Nelson.”

La verdad es que su entusiasmo resultó conmovedor.

La velada fue larga y se habló mucho rato sobre el tema de las injusticias, la crueldad, la condición humana y todas esas cosas tan sobadas que se dicen a menudo y que no cambian por lo regular ni el carácter ni los comportamientos de quienes participan en la conversación. Son cosas que de vez en cuando se hablan y nada más.

Este padrino benefactor estaba contento y orgulloso de que en su caso no sólo fuese dialéctica, sino que había pasado al terreno de los hechos.

Yo le dije que me parecía una acción loable y que si eso le satisfacía, genial. Pero también le añadí que a efectos prácticos, creía que no servía para gran cosa, y que si pensase lo contrario, no me conformaría con socorrer a un niño, sino a todos los que pudiera. O sea que emplearía mi excedente de cada mes en apadrinar a tantos como me fuera posible. Si tan importante es, si crees realmente que estás salvándole la vida a un niño, ¿por qué no apadrinas a cinco, o a nueve.? También puedes permitírtelo sin que se merme ni un ápice tu nivel de vida. Tienes un buen trabajo, tu mujer tiene un buen trabajo, tienes moto, tienes homecinema, una tele más grande que el propio comedor, estamos ahora mismo en un restaurante bebiendo un vino carísimo, tienes en el mueblebar licores de primer nivel, tienes dos coches, te vas de vacaciones a Roma, has estado el Paris, Londres, Islas Mauricio, etc.., vistes buenas marcas, vas por tu séptimo ordenador, por tu vigésimo cuarto móvil, tienes wii, playstation, mp3, mp4, ipod, gafas de diseño, bici de carretera y de montaña, piso con terraza, te casaste con un convite de 160 invitados, en un restaurante con jardines y con un aperitivo y un banquete dignos de la jet, luego te fuiste a rondar  los USA en viaje nupcial, tienes nevera-congelador de dos cuerpos, vitrocerámica, aire acondicionado, calefacción central, persianas eléctricas, hilo musical en toda la casa, parabólica, vía digital, y no sé qué más, llevas a tu retoño a colegio caro, vas al gimnasio y tu mujer a yoga...

Oye: ¿No te has parado a pensar lo inmensamente felicísimo que llegarías a ser si apadrinases a treinta o cuarenta críos.?

Entonces me llamó demagogo.

Y yo le dije: Te juro por mi madre que apadrino a veinte si me dices en qué punto he mentido.

 

Por este u otros sistemas, se supone que siempre ha habido alguien “ayudando” al tercer mundo. ¿Cómo es que sigue siendo igual de miserable o más cada vez.?

Parece pues, a ojos de humilde humanillo, que no sirve de mucho. Las pateras continúan viniendo llenas de muertos y de medio vivos, sudamérica continúa en la mendicidad, los países pobres asiáticos, lo mismo de lo mismo...

¿De verdad, este buen hombre, -porque es un buen hombre- lo hace creyendo que sirve para otra cosa que no sea sentirse mejor consigo mismo.?

(Luego me supo mal haber hablado tanto, porque creo que le jodí bien la noche.)

En fin, es la condición humana. Sabremos perdonarnos, espero.

...

UN PUNTO DE VISTA

UN PUNTO DE VISTA

Los fenómenos de solidaridad entre personas, se han tenido siempre que manifestar a través del puro altruismo, por bondad, o para defenderse de un peligro, ya fuera un invasor, un opresor, o las propias fuerzas de la naturaleza.

Ahora ha aparecido algo nuevo que ha fomentado como nunca antes, una suerte de solidaridad carente de base emocional, pero que es tal vez la mayor que ha dado la Historia.

 

Las nuevas tecnologías han posibilitado algo que jamás se había producido antes: Una muestra de egoísmo solidario ilimitado.

No creo que hubiese mucha gente hace 20 o 25 años que sospechase lo que llegaría a ser la mayor muestra de generosidad que ha visto el mundo. Me refiero a internet y a su libre circulación de archivos.

Música, películas, programas, juegos, documentos, etc.

 

Cientos de miles de individuos que no saben si tienen algo en común, que no saben si se caerían bien o se odiarían, que no se conocen personalmente ni lo necesitan, que no sienten absolutamente nada unos por otros, y que ni siquiera se importan lo más mínimo, se regalan archivos.

¡Bienvenidos a la era del MEGATRUEQUE.!

El principio de este fenómeno es de una lógica aplastante: Para que a mí me vaya bien, les ha de ir bien a los otros. Esta es la novedad del asunto.

Yo ofrezco gratuitamente lo que tengo, y los demás hacen lo mismo. Especies por especies, sin lucro ni afán de enriquecimiento.

Lo mío es de todos, y lo de todos es mío. Todo es de todos.

Esta modalidad de egoísmo no puede sostenerse sino en la solidaridad. De ningún otro modo sería posible. No hay alternativa. Para que me regalen debo regalar.

Un señor de Nueva Zelanda ha sido tan generoso, que me ha obsequiado con una canción de Robbie Williams, que a su vez le había dado otro señor de Bruselas, y que le había sido entregada por un chico de Buenos Aires.

Y yo, claro, tengo que exponer franca mi bandeja de productos para que cualquiera de ellos pueda tomar lo que apetezca.

 

Hace años esto se daba sólo en petit comité. Uno le grababa el último de Lou Reed en una cinta a cuatro amigos íntimos y a un par de compañeros de trabajo, o le prestaba los libros que había comprado a la gente de su círculo.

Ahora esto se hace con cientos de miles de personas, con tantas como libremente deseen entrar en la dinámica.

Es el egoísmo benefactor. La suma de egoísmos más increíble jamás vista.

El azar ha querido que unos intereses absolutamente autistas beneficien al conjunto, a un conjunto de egoístas infinito. Estamos presenciando una solidaridad global entre distintos, sin exclusión de razas, credos, colores, ideologías, sexualidades o niveles sociales, porque aquí no interesa a nadie distinguir.

Y yo personalmente asisto a ello divertido.

EN EL PRESENTE

EN EL PRESENTE

Cuando duermo, no siempre me cabe el sueño. Sueño paisajes parciales. Secuencias en que a los protagonistas les falta la frente o los pies. Sueños borrosos, desenfocados, temblones.

Puede que soñando sea un clásico, un antiguo, y deba ponerme al día.

Pero no mando en mis sueños. Ni en mis ronquidos de mamut agónico.

Y en la batalla de decibelios se debaten el sueño o la pesadilla, siempre pequeños, con reflejos que impiden la nitidez de la imagen.

Sé que ahora hay quien sueña en 16:9. Lo prefieren al formato 4:3, o al contrario, que yo no entiendo de esas cosas. O les llega la señal por TDT al dormitorio. O ven lo soñado en plasma panorámico, o en LCD, o en home cinema con subbúfer, ve a saber.

Y yo, que estoy a la última en bastantes cosas, creo que me he quedado con unos sueños como la tele culona de la cocina, diminuta y desfasada, incapaz de afrontar sueños tecnología punta, de esos que cuando les falla algo, pixelan.

O quizás sea que cuando uno consigue estar soñando a plena luz - mientras le hace un corte de mangas a la realidad en riguroso directo- sus sueños nocturnos no precisen tanto aparato.

 

RESTOS

RESTOS

El que fuera buen niño, buen muchacho y buen hombre, colocó las apuestas de su vida en la ruleta equivocada. Ahora se siente como si el universo tuviera una deuda con él. Y es mal pagador. Lo sabe ya.

No sirve de nada esconderse de los problemas, ni importa demasiado donde lo hagas. Porque ellos siempre te encuentran. Rastrean mejor por la noche que tú por el día, y desde la mañana son capaces de sostenerle la mirada al sol hasta el ocaso sin que sus párpados hayan de barrer una sola lágrima.

Cuántos mordiscos llevabas ya cuando intentaste levantarte de aquella letrina, dime. Hay que aprender más rápido, pobre desgraciado, que antes de que tu muñeca gire para mostrarte el reloj, ya se ha hecho tarde.

Recordabas aquello del mensaje en la botella y una vez más lo hiciste del revés. Te introdujiste dentro de ella preguntando por algún Aladino como ese que vivía en las tripas de una lámpara.

Y no estaba el genio. Y la botella se hizo grande, más y más grande, hasta que creíste que era cómoda y que el genio eras tú.

Ya no querías salir de su cuerpo verde. El sol resultaba menos agresivo. Los problemas, la realidad, esos depredadores que se te habían llevado la mitad de la carne, no podían introducirse en tu cálida guarida. 40 grados de alternativa al mundo. Ahí no se reciben visitas. Nadie puede ver cómo tus ojos se van adentrando poco a poco en la calavera. Nadie está contemplando cómo tiemblan tus manos sin descanso. Nadie presencia tus ardores de estómago ni tus dolores de cabeza. Nadie te tira de la lengua, una lengua agria, pegajosa y moribunda. Nadie profana la pecera enferma que preserva tu autismo circular.

 

Tú, que fueras buen niño, buen muchacho y buen hombre, ahora eres sólo un flaco pez etílico, una vetusta embarcación dentro de la botella, la carcasa de un naufragio que nadie querrá poner sobre su televisor.

Desde la eterna borrachera, el universo sigue sin pagar su deuda, pero se presenta como si no pudiese volver a morderte, como si no estuviera al mismo lado que tú, separado por un vidrio verde y mentiroso.

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CASA

CASA

Si un día te sientes solo, amigo mío, no eches el candado a la cabeza, ni aplastes el corazón, de un pisotón, como un cigarro; si no te gusta la manera en que se mueve este teatro, ni el director de la pieza, ni el decorado, y sientes que ya no empezó bien en los ensayos; si crees que eres la esquina que han elegido los perros para marcar su territorio y se amontona en ti una huelga de basureros; si ves al abandono perentorio y un aliado en el fármaco que todo lo elimina, no sacrifiques aún tus ojos y mira. Si un día te sientes solo, amigo mío, y crees que no se acaba nunca lo que empezar no debía; si a tus pies el desecho que el viento barre se arremolina; si te persigue la vida y no te alcanza aunque corras en todas direcciones, no hundas las zapatillas en los posos del café; si crees que no hay un dios a tu medida porque son gafas de sol para la masa, tente fe.

Si un día te sientes solo, amigo mío, antes de irte abrazando el fuego, acércate por mi casa, a cobrar lo que te debo.

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AGFA FAMILY

AGFA FAMILY

Ni echo de menos ni echo de más, pero me ha visitado el otro tiempo. A veces pasa.

Cuando todo lujo de refresco se reducía en la nevera a una gaseosa de marca fenecida e irrecordable, y un inmortal yogur de vidrio sin fechar hacía compañía a cuatro o cinco huevos y un poco de margarina, los colores estaban lejos del videoclip.

Cuando la lana de los abrigos era mate, las camisetas hacían bolas y los zapatos se llevaban al remiendo hasta que al niño se le empezaban a doblar los dedos, el sol quemaba en sepia.

Cuando en el bar mirábamos de reojo a aquel tío del 124 Sport tomarse un Johnnie Walker detrás de sus Ray-Ban, los que tirábamos de Cinzano y quinto queríamos cambiar el trabajo por uno menos gris y menos ocre.

Cuando el tergal y el vaquero marcaban una zanja entre generaciones a las que en realidad sólo separaban un par de años en la edad, pero un siglo de cultura, los libros de la biblioteca amenizaban su blanco y negro con ilustraciones de acuarela floja y carboncillo.

Cuando el tinte y las permanentes no osaban acercarse al azul, al verde, al rojo o al violeta más que en calles estrechas de Barcelona, una marea morena con leves notas a lo Monroe oleaba en las fiestas mayores.

Y cuando se fumaba rubio sólo los domingos comprado suelto en los futbolines, el suelo era pardo en todas partes. Era un mundo el mundo entero, arrítimico y mudo, en súper ocho.

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EXTRAÑA COPLA O ALGO ASÍ.

EXTRAÑA COPLA O ALGO ASÍ.

No somos ni seremos

cuerpo de una novela,

ni letra, tampoco letra,

en lágrimas de balada

ruborizada y lenta.

Hasta la muerte andaremos

muy lejos de las estrellas

que dan envidia en aquellas

películas que muestran sueños

sobre las blancas telas,

de un héroe viril y tierno

que acaba con la doncella.

Seremos, seguro, en cambio

un amor sencillo

de escaso brillo

que está en lo cierto

como los sabios

que han aprendido

de irse viviendo.

Un amor de la montonera,

simple, llano y extendido

que no alcanza para libro.

O quizás no,

que tampoco hay editorial

que quiera lo que te escribo

ni para ello guarde lugar:

Tú, amada corriente,

y yo amante vulgar

como el resto de la gente.

Allá el cine y sus grandezas,

mira bien lo que te digo:

Bendito sea si es mío

ese amor de cuatro letras

que en este minuto sientes.

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LA LUZ

LA  LUZ

Los colores necesitan luz para ser creídos.

Sin ella también son,

pero son como si no fueran, sin constar en acta.

Y da entonces lo mismo que estuvieran o se hubieran ido.

Sale la luz del ombligo solar para indisimularlos.

Para ruborizar las almas cromáticas que se hacen ausentes

muy a su pesar bajo el anonimato oscuro.

La luz, chivata irreprimible, nos dice al oído

qué es arista verde

y qué tirabuzón parduzco,

qué es plano granate y qué relieve amarillo.

Por que la luz si se va, esconde hasta a quien no lo quiere.

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TACTOS

TACTOS

Cómo es eso de tocar agua, me preguntaba.

Y entre las palabras de desguace intenté encontrar la idea.

Es como el aire, pero más gordo.

Es como el aire, pero más denso.

Es como el aire, pero más frío.

El tacto del agua no se podía contar. El tacto del agua es liok drfe hgyt, ¿ves?, el teclado parece, cuando trato de explicarlo, que se haga más y más pequeño, hasta que las yemas de mis dedos abarcan cuatro botones en cada tecleo.

Y no es igual en las manos, en la cara o en el pelo.

Es como el aire, pero más pesado.

Es como el aire, pero más estrecho.

Es como el aire, pero más lento. 

Luego, olvidé el agua de momento, preguntándome cómo era eso de tocar el aire.

Y en busca de un discurso para su tacto, otra vez las letras se me amontonaron revueltas del derecho, del revés, patas arriba y boca abajo.

Sentí en mi cabeza una confusión igual a la de un paseo por la feria, donde se escuchan cien canciones a la vez sin que haya forma de distinguir ninguna.

El tacto del aire es similar al del agua pero como en ectoplasma, como fuera de forma.

El aire es, me da la impresión, como un agua venida a menos.

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NEGAR

NEGAR

Cuando se pierde la inocencia se adquiere la culpa, aunque sea de faltas chiquitas. Cuando se pierde la facultad del juego, se gana si no el tedio grande, el aburrimiento pequeño. No quiero perder nada más, mi vida. Deja que sean mis risas más longevas que mis dientes. Deja que sea una de ellas lo que de mí recuerdes.

Cuando se pierde el entusiasmo, se nos gana el hueco. Se queda vacío el cuerpo de contenidos como si en un descuido se nos hubiesen ido todas las piezas del esqueleto. Cuando se pierde el afecto, hasta el alma nos abandona si la tenemos. Y no quiero perder más en esta vida, no estoy dispuesto.

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LA PARADOJA

LA PARADOJA

Cuando queremos poner un ejemplo de algo infinito, una salida muy socorrida suele ser la cosa numérica: 1- 2- 3- 4 -5- 6- 7- 8-9- 10- 11- 12, etc.

¿Cuándo se acaba.?

Se supone que nunca. No tiene límites. 

¿Podría darse el caso de algo infinito, pero con límites.?

Por supuesto que sí.

Tomemos otro ejemplo. El del dibujo de arriba.

Es una progresión cromática que empieza en el negro y concluye en el blanco.

La hemos partido en 18 tonos.

¿En cuántos la podríamos dividir.?

Aplicándole la fórmula numérica, no hay duda: en tantos como números haya. O sea en una infinita cantidad de tonos.

Entonces nos encontramos con la sorprendente paradoja de que ese infinito es infinito, pero se encuentra curiosamente limitado por ambos extremos.

Sabemos que haciendo tal experimento no habría medios ni naturales ni artificiales capaces de distinguir uno de los tonos del inmediatamente anterior o posterior, pero ¿filosóficamente es verosímil la teoría.?

Personalmente creo que sí.

Dentro de un espacio cerrado pueden existir infinitos.

Eso era todo. Gracias por la paciencia.

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LAS EDADES DEL HOMBRE

LAS EDADES DEL HOMBRE

Las diferencias generacionales suelen depender de la edad. (¡Tres hurras por Pero Grullo!)

Pues no del todo. (O no por fuerza.)

Intentaré explicitarme:

Normalmente una generación y otra no se entienden bien porque cada una se circunscribe a un momento, a SU momento, creyendo que hay un pequeño fragmento de la historia que les pertenece y del que son emocionalmente rehenes.

Aunque si hilamos fino, veremos que hay tipos de 25 años que aman a Bach, a Chopin o a Miles Davis (unos artistas que hace ya bastante que no sacan discos) y tipos que con cuarenta o cincuenta tacorros disfrutan de Wovenhand o Turin Brakes.

Conozco individuos jovencísimos que estudian con verdadero interés a Buñuel o a Orson Welles, y hay madurazos que se lo pasan bomba con Tarantino, Alex de la Iglesia o Spike Lee.

Y como cada vida está rodeada de azares , resulta que los míos han querido que me entienda cojonudamente con casi todos los chavalotes de mi entorno, tanto en el orden familiar como en el laboral. (Sin dejar por supuesto también de guardar buena sintonía con gente de mi quinta. Faltaría más.)

Y está bonito eso cuando pasa, que haya entente con personas a las que le llevas veinte años o que te llevan veinte a ti.

 

En resumen: Da gusto que mi hija y yo podamos pasarnos información musical o cinematográfica de última tendencia mientras nos tomamos un refrescante ginlemon.

(Y eso que podría ser su padre.)

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AY AY AY SEÑOR...

AY AY AY SEÑOR...

La pulsión vital del individuo indivisible humano va por cuadrículas, la marcan como a una res las líneas y la geometría...... Flechas diagonales, tangentes, ingentes, indigentes, turgentes, agentes y detergentes..... La respiración está sujeta a secuencia, número, compás, matemática, cálculo, minuendo, sustraendo, cociente, raíz cúbica y asa de cubo.... La supervivencia son sistemas, logaritmos, cajas de ritmos, quebrados, enyesados, potencias, volúmenes, graves bajos y altos agudos de finos cabellos o sea peliagudos..... La fiebre se regula, se rige, se mide, se evalúa, se diagnostica, se ateíza y agnostica en decimales, en cifras, en dígitos, y es térmica, termofusible, termodinámica, termostática, terminante, determinante, minera y minante..... El lenguaje de la vida y la pulsión vital y las respiraciones y las pulsaciones de las sienes o sea seniles, va por vocales, consonantes, asonantes, fonemas, epifonemas, epis y blases, predicados, sujetos, conjunciones, cojonudeces, etimologías, latines y latones..... ¡¡¡Muera pues el sistema métrico decimal!!!... ¿Porque sabe usted qué me pasa hoy.?.... Que me parece que estoy operando en sistema vinario.

Buenas fiestas, individuos.

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