
El Furgonauta |
Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2007. PRIMER ARTÍCULO PRESENTACIÓNDecir furgonauta no es una parida, no es una palabra graciosa, no es una aportación al ingenio humano. Eso de furgonauta tiene su miga. Un furgonauta es aquel que no dispone de medios para sobrevolar el cosmos, es aquel que no pretende alcanzar estrellas ni metas siderales, es aquel que sabiéndose limitado, exprime sus modestos contornos hasta la última célula. Y yo, señores, lo soy. Con una furgoneta de segunda mano, sin la ITV, sin permiso de conducir, pero eso sí, con el carnet de autónomo mental. No soy el más listo ni el más culto, no soy superior a nadie, pero tal vez sí empato a libertad de pensamiento con el más libre de cuantos individuos hayan pisado la tierra. Me gusta pensar libremente. Me gusta la risa franca y el humor extremo, no creo que el derrotismo gratuito lleve a ningún lugar de interés, pero en este blog que inauguro quisiera dar rienda suelta a la tristeza. Que también ella lo merece. La tristeza es bella, o puede serlo. No hablo de la desgracia, del accidente, del horror.., sino de la tristeza en estado puro, esa sensación tan fuerte o más incluso que la dicha, que nos sobreviene de cuando en cuando y nos hace sentir, aun a nuestro pesar, forzosamente vivos. Si estámos alegres, estamos vivos; si estamos tristes, también. No hay por qué temer a la tristeza. Es aprovechable. Las más poderosas melodías, los más impresionantes cuadros, los mejores poemas, lo siento señores, pero suelen ser tristes. Un furgonauta no acostumbra a regirse por moda ni momento. Si en algún tiempo coincide con ella, no hay problema, pero si no, a contracorriente, que tampoco pasa nada. Aún no sé bien qué contenidos dejaré caer sobre esta pantalla, y hasta me gusta no saberlo. Lo que haya de ser, será. UN ODIO POR CABEZA![]() Gente escasa. Gente abundante. Mucha. Poca. Excelente. Excedente. Gente, mala gente. Sangre tengo de corteza Para la tristeza Del niño roto. No más patata ni más corro. De la ardilla desmembrada, De la fuente al barro Y a la arena y a la seca nada, Deshidratada. De la encina firme, Del blando chopo, Del brazo inerme, De la argolla y el potro. Gente negra. De odio en brasas, En el tizón triste, Que toman muertes Para sus tripas, Masticadas, digeridas, En butaca de cementerio, En palco funesto, En primera fila. Cámara de los lores, Fosa de los comunes. Gente de carestía, De cafés y de licores, De homicidas prescripciones Gente voraz e impune, Que para sentir su vida, Han de tomar dos muertes Antes de las comidas. Odios tengo De pimienta en las pupilas. Por la carne descarnada, Por la gente Y por la nada. _____________________________________ _____________________________________ CONTRATO![]() Voy a quererte, vale O no: que ya te quiero. Pero impongo condiciones. Tienes que darme el corazón. Yo lo reviso. Que no sea un corazón con doble fondo. Y dame de ti lo que más quieras Lo que más desprecies O aquellas cosas incluso Que hayas dado a olvido por triviales Muéstrame las manos para que lea Con mis gafas de cerca Tus faltas de ortografía No finjas copas de plata donde hayan cuencos Prefiero arcilla si es cierta Pero eso sí Guárdate un secreto Uno, al menos uno Aunque sea chiquito Minúsculo como un acento No me des todo Escóndeme algo para que nunca acabes siendo completamente mía. ________________________ VIDAS EN APNEA![]() Oh, qué bien se ve la vida ajena desde la nuestra. Vidas que aguantan la respiración bajo sus chaquetas y arden en los pantalones y las faldas. Vidas llevadas a cabo como aquel que arrastra mil años de culturas, mil de pulsiones heredadas y diez siglos de ignorancia. Vidas hechas de eslabones, de collares, de ruines bisuterías, en donde cada cuenta es una píldora de hartazgo, una pastilla amarga de resignación llevada a cuestas. Vivires que se construyen encadenando pequeñas revanchas. Ojos que miran mientras hablan a cualquier lugar donde no se encuentren con otros ojos. Vidas que andan mirándose los zapatos. Vidas que continúan en la vida larvando una epidemia de tristezas. Vidas que siguen viviendo debajo de sus chaquetas porque no saben hacer otra cosa. ____________________________ ____________________________ LA CARGA![]() La gravedad mata al niño. Eso lo sabe muy bien, aun sin conciencia de ello, Manuel, el de las pulidoras, el que entró en la fábrica a los catorce y ya ronda la cuarentena. Se nota porque se ríe de lo que hay que reírse, de lo que mande la tele, de lo que dicte el momento, pero tiene en su interior el sentimiento de que hay cosas sagradas, no tocables, vedadas al cuestionamiento y mucho más a la parodia. Hay aspectos de la vida que teme. Recela. A Manuel se le ha muerto, ve a saber cuándo, el sentido del humor. Y es risueño, eso sí, suelta de tanto en tanto carcajadas que resuenan en la uralita, pero no tiene sentido del humor. Porque uno -le digo- puede reírse mucho y no tenerlo. Sencillamente es un tipo alegre, animalmente alegre.Y no es mala cosa, no lo es, pero el sentido del humor no tiene sentada la base de su cimiento en una risotada franca sino en las cosas serias. El sentido del humor clava su poderosa raíz precisamente en las gravedades. Reírse de un cómico resbalón, de una gansada, es saludable, cómo no, pero fácil. No requiere pensamiento. Es un resorte de automatismo, de inmediatez, de bote pronto, y el sentido del humor no es exactamente eso, es la descarga del drama, la minimalización del dogma, el desafío constante a la dificultad de la vida, de la puta vida, la visión de un ridículo panorámico, total, sin rinconcillos sacros. El sentido del humor es de un natural tan bondadoso y cabrón, que no es excluyente, y no hay nada capaz de esquivar su punto de mira. Es una guerra, esta sí, realmente santa. Santa e imprescindible para que la cara B de la vida o hasta de la propia muerte se vea exhibida en paños menores por una mente dispuesta a no doblegarse bajo ninguna sentencia. El sentido del humor hace que el hombre no se convierta en buey, hace que entierre el arado y se monte con la madera del yugo una buena barbacoa.Manuel se ríe en la vida, es cierto, pero nunca de ella. Ríe una risa domesticada mientras carga con la vida y hace surcos en la tierra. Veinticinco, treinta años en la máquina. Sonrisa primitiva, una correa más del yugo. Ha muerto el niño: habemus buey. SE HA HECHO TARDE![]() Sube una hormiga mi vientre Y pasa un rato Espero Ya me está llegando al pecho Cosquillas de telaraña Y sigue siguiendo el tiempo Alcanza mi corazón La siento pincharme adentro Como si sus pies llevaran Taconcillos de microscopio -Y eso que va descalza- Muy largo se me está haciendo Me muerde la hormiga y duele Un aguijón que se ha vuelto Ya me sale sangre y todo Cuando el reloj alarmado Me dice que ella no viene. _____________________ |