El Furgonauta

Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2007.

NOCTURNO

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Gallinas de karaoke. Eso trajo la noche. Y runrunes en la cabeza. Y un poco de miedo. De ese miedo adulto al que ya no le sabotean los sueños cuatro monstruitos de látex, pero que también es miedo.

Unos colmillos horrísonos de silenticidio hicieron trizas el vacío calmo mientras dormir quería. Y luces epilépticas de coches tontos que se venían a flotar intermitentes por las tres lamas de persiana que nunca ajustan del todo. Rayos de plancton aéreo color de pan rallado flotando en haces rectilíneos de la ventana a la nariz. Polvo respirable de planeta. Ruido y luz. Frecuencias sónicas de la aberración. Varas luminosas fustigando al párpado acorralado. A la mierda se fue la noche. Debí haber bebido un poco más de vino para la cena.

Los borrachos que compiten en ladridos apoyándose en las vallas dormirán dentro de un rato ajenos a todo.

Pitidos de ordenadores, microondas, congeladores, aires acondicionados, pitidos de llave en el contacto, de cinturón no abrochado, de puerta del conductor abierta, de nivel de gasoil bajo. Por un momento creí que toda la electrónica cotidiana se manifestaba contra mi sueño y que si no conseguía dormir ahora, no podría hacerlo nunca más.

Botellas resonando en el contenedor. Agresión vítrea. Quebrados que se multiplican estallando cuerpo a cuerpo con violencia. Demasiado dolor, demasiado. El tímpano quiere morfina o muerte. Camionetas que se llenan de artefactos ahora mudos, destetados súbitamente de la ubre eléctrica que los nutría; furgones que se cargan de golpes y chirridos con desidia. Urracas de metal. Es tarde y viene la prisa. Sogas deslizándose entre los bultos como serpientes de nylon, que extrangulan a su presa silbando un rasgado de pizarra. Sinfonía final en claxon. Nocturno para cuerda, demencia y trompa.

Matar la noche. No existe otra alternativa. Hay que matar la noche aunque sea a pensamientos, porque sentirse mal es intransferible.

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02/09/2007 11:41 Autor: el-furgonauta. Enlace permanente. Hay 4 comentarios.

ANTROPOLOGÍA DE MERCADILLO

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El niño de las películas habla y juega con su amigo imaginario. Y le puso nombre.

Su mami le sigue la fantasía y hasta le pregunta por él. Cómo está Tommy, le dice. Ahora se ha cansado y no quiere ayudarme a hacer los deberes. Luego pintaremos un poco con las acuarelas. Oh, muy bien, cariño, dice la mami. 

Los hombres, o muchos de ellos, también necesitan inventarse. Nadie tuvo nunca alma, que se sepa, pero la mayoría aseguran tener una. En cada cual es distinta, pero todos acordaron llamarla igual. Es el yo imaginario e ideal que uno quisiera: Uno quiere ser espíritu y lo inventa, mas nadie sabe explicarlo. Es algo que se nos escapa, indefinible, se suele decir.

Las cosas reales que existen y conocemos, de una u otra manera las podemos definir. Todas. Y también las de ficción son explicables.

En el asunto del alma-espíritu se da una curiosa paradoja: Es un concepto ficticio, pero hay quien se arriesga a definirlo. Simplemente llamamos alma a otras cosas.

Unos dicen que es eso no tangible de nosotros, lo no corpóreo. (¿Se estarán refiriendo al pensamiento acaso.?)

Otras versiones aseguran que son las acciones, o más bien los efectos que nuestras acciones, nuestra palabra, nuestras conductas, etc, dejan como cookies en el ordenador global del universo, la huella de nuestro paso sobre la vida.

Hay quien lo siente como la proyección del ser interior al cosmos, como el caldo valioso que se halla contenido en el receptáculo de un cuerpo perecedero, como una esencia trascendente sin fecha de caducidad.

Habrá quien lea esto y tenga su propia versión del alma, su particular imagen de un Tommy diseñado a su medida. Habrá quien sienta que la piel y el hueso son demasiada prosa y necesite construir sobre tan mísero edificio una cúpula de poesía. Y todo lo entiendo. Yo daría el pie derecho por una frase conmovedora y cualquiera de mis omoplatos por una metáfora sin límite ni rienda, pero hoy de lo que hablo es de la realidad, la conocida, la que cuando asegura algo, debe aportar pruebas. No sé qué es la fe, francamente, no tengo ni la más remota idea. (Bueno, estoy mintiendo: fe es creer algo indemostrable.)

Lo que sí sé qué es, es aquello a lo que por convenio llamamos espíritu o alma.

No tengo de eso, pero entonces ¿por qué soy tan bueno, o sensible, o solidario, o poético, o emocional, como cualquiera de los que dicen tener.? Sencillamente porque ellos llaman alma a un batido formado por la imaginación, las emociones, los deseos, la sensibilidad, el fuero interno en definitiva, etc, que viene envasado en el gran tonel del pensamiento.

De nada sirve, como sabemos todos, tener un alma como tanta y tanta gente tiene, metida en un cuerpo vil, en una emoción sucia, en un ideario ruin...

Muchos espíritus conozco que sólo son la  pretendida ampliación etérea de un cuerpo y una mente inhóspitos y prescindibles.

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09/09/2007 12:43 Autor: el-furgonauta. Enlace permanente. Hay 5 comentarios.

CISNE

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Entre el sol y la palmera van tejiendo sobre mi cara un canasto de sombra y luz, quiero pensar. No es mal sitio un trozo de parque con su estanque de aguas otoñadas para embobarse de pensamientos no remunerados. Uno está más cerca de la cosa suya cuanto más se aleja de la cosa práctica. Uno tiene como si dijéramos el alma más a huevo cuando sabe que lo que hace o lo que no hace no conduce a ninguna parte ni se puede cambiar luego por una nevera sin escarcha o un polo de cocodrilo.

Qué sabia es la naturaleza, pienso en la tercera caña, mientras miro como lo nunca visto a esos bichos que se lo hacen por la charca. Y por qué va a ser sabia, me contradigo de pronto. Mal diseñador tuvieron, caso de tenerlo. Y me mira el cisne, uno de ellos, como adivinándome los sesos, con ojos de reto.

Pues sí, cisne, sí, buena prueba eres tú de ello, embarcación orgánica de propulsión a pataleta. Quién en su sano juicio pondría el mástil en la proa, dime, anda, dime. Y se va. Se va bogando con sus remos subacuáticos, palicortos y suficientes, a continuarse el nado en una singladura de rodeos y cercanía. Allá van él y la parentela simulando raíles o curvas por entre las hojas que tapan el agua, a rajar de las ocas, que según ellos son como si fueran ellos pero sin acabar -errores de diseño o desidia de diseñador- y por eso andan siempre en suspicacias y cabreo.

Y los patos, que según las ocas son como las ocas pero mal terminados, disputan las migas que tira el abuelo a un hervor de carpas que muestran los lomos sobre el chapoteo y por un momento se creen de Amazonas. Valientes pirañas son estas, atacando el pan con bocas de goma como si se diera en ellas una gran proeza.

Cisnes, ocas, patos, carpas y ranas. Tropezones inquietos en una gran sopa, hechos de desproporciones, de límites, de remiendos. Biología de los azares. Cosas pluricelulares capaces de mirarse y ser miradas.

El sol va bajando por detrás del monte. Parece una moneda hundiéndose en un cerdito de barro. La pantalla de mi cara pierde varios puntos de color, agrisa por momentos, y pienso que si no me voy ahora, quizás concluya en blanco y negro.

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16/09/2007 11:37 Autor: el-furgonauta. Enlace permanente. Hay 5 comentarios.

EL OBRADOR

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El que escribe –ya sea por profesión o amateur- forma su particular hilera de letras, su cosido de sílabas y sus secuencias de palabras, ordeñando la fantasía y la realidad, y confundiéndolas o separándolas según le ronde la musa. No hay otra.

Y se alimenta del pasado por fuerza -como decía Umbral- ya que resulta imposible nutrirse de un futuro que siempre estará por ver: Somos los besos y las bofetadas que se llevó nuestra cara, el hueso roto, el tropiezo, el estupor, la diversión y la convalecencia; somos el primer recién nacido visto y el primer muerto velado, el mareo de un cigarrillo rubio y una copa de menta, el miedo a un guardia, a un maestro y a un examen, la risa adolescente incontenida y la vergüenza de un pantalón manchado; somos el primer poeta, -siempre seremos nuestro primer poeta- aquella película extraña que al fin entendimos, la sorpresa de haberla comprendido entonces y no antes, la  chulería nueva, el desparpajo; somos la abuela amada y el odio al padre, la semanada sin seguro en un sobre pequeño, ilícito y marrón, la firma ensayada para nuestra posteridad finita; somos el automóvil que humeaba en las cuestas, la visita semanal al mecánico, la acampada en cueva, la escasez de recursos, la solidaridad obligada, las circunstancias, en fin, de un afamado filósofo al que no conocíamos. Somos el pasado de los días y lo que en esos días nos pasó. De tal lápiz somos dibujos. O borradores, según se mire, porque aún la suerte estará trazándonos con más o menos simpatía. 

El que escribe -profesional o aficionado- se irriga del atrás porque al delante no se llega. Y con rigor o con trampa, se cuenta a sí mismo o se inventa, es quien dice ser o imagina ser lo que quisiera. Crea realidades, seres, emociones, suplanta si conviene lo que haga falta y se apodera de la sensación ajena y las identidades; hace mundos, extingue universos, rima lo dispar, minimiza o exagera. Hace. Obra y manda.

¿Escritores.? No, mucho más, madre mía: taumaturgos de salón.

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30/09/2007 11:13 Autor: el-furgonauta. Enlace permanente. Hay 6 comentarios.
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